Homenaje a Oblivion, de Piazzolla
Oblivion es como una caricia triste. Un ambiente gris de guerra, desolación que envuelve esta escena de ternura: Una madre acariciando a su criatura ofreciéndole su protección y cuidado, su amor. Se convierten así en las protagonistas de las escena creando un halo de belleza que ilumina todo lo que hay en derredor. La desolación cobra la belleza de las casas destartaladas de Azorín, pues el arte es capaz de hacer que belleza y tristeza se cojan de la mano y caminen juntas Así, una canción triste, un oleo desesperanzador, una acuarela empapada de dolor y una escultura que parece caerse a trozos, pueden llenar el corazón humano de una belleza sin fin, belleza del día a día.